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LA EFICACIA
DE LOS TRATAMIENTOS PSICOLÓGICOS
Francisco J. Labrador Encinas, Miguel A. Vallejo
Pareja, Manuela Matellanes Matellanes, Enrique Echeburúa Odriozola,
Arturo Bados López y Javier Fernández-Montalvo.
Documento de la Sociedad Española para
el avance de la Psicología Clínica y de la Salud. Siglo XXI.
- Preámbulo
-
Los Tratamientos Psicológicos
¿Qué es un tratamiento
psicológico?
¿Psicólogo o Psiquiatra?
¿Cuándo es conveniente o necesario un tratamiento psicológico?
Tipos de tratamientos
psicológicos
¿Quiénes son los
profesionales capacitados para realizar un tratamiento psicológico?
¿Dónde debe buscarse un
tratamiento psicológico?
¿Todos los tratamientos
psicológicos son eficaces?
- Evaluación
de la eficacia de los Tratamientos
¿Cómo saber si un
tratamiento psicológico es eficaz?
Ventajas para los
profesionales y los usuarios de la evaluación de la eficacia de los
tratamientos
- Tratamientos
considerados eficaces
¿Qué pasa con los
tratamientos no incluidos en estas guías?
El futuro de los
tratamientos psicológicos y la evaluación de su eficacia
-
Tabla1. Tratamientos
con apoyo empírico para diferentes trastornos en adultos
-
Tabla2. Tratamientos con apoyo empírico
para diferentes trastornos en niños y adolescentes
PREÁMBULO
El presente documento es
el resultado de la iniciativa tomada en la Asamblea Anual de la
Sociedad Española para el avance de la Psicología Clínica y de la
Salud. Siglo XXI, celebrada en Toledo el 26 de octubre de 2001.
El grupo de trabajo abordó
la elaboración de un documento cuya finalidad es la de divulgar en la
población general qué son los tratamientos psicológicos y orientarla
sobre las opciones disponibles. Todo ello tratando de conciliar la
divulgación del conocimiento técnico con su adecuada fundamentación.
Entre los objetivos
planteados en la Asamblea está el de buscar una amplia difusión
institucional en un formato asequible al público en general. El
presente trabajo pretende acercarse a esta forma de divulgación como
orientación tanto para usuarios como para profesionales.
LOS TRATAMIENTOS
PSICOLÓGICOS
¿Qué es un tratamiento
psicológico?
Un tratamiento psicológico
es una intervención profesional, basada en técnicas psicológicas, en
un contexto clínico (Centro de Salud Mental, Hospital, consulta
privada, Asociaciones de personas afectadas, etcétera). En ella un
especialista, habitualmente un psicólogo clínico, busca eliminar el
sufrimiento de otra persona o enseñarle las habilidades adecuadas para
hacer frente a los diversos problemas de la vida cotidiana. Ejemplos
de esto son ayudar a una persona a superar su depresión o reducir sus
obsesiones, trabajar con una familia con conflictos entre sus miembros
para que sepan comunicarse mejor, o enseñar a un adolescente a
relacionarse con otros compañeros de modo más sociable y menos
agresivo.
Un tratamiento psicológico
implica, entre otras cosas, escuchar con atención lo que el paciente
tiene que decir y buscar qué aspectos personales, sociales,
familiares, etc., son responsables del problema. También supone
informar al paciente sobre cómo puede resolver los problemas
planteados y emplear técnicas psicológicas específicas tales como, por
ejemplo, el entrenamiento en respiración o relajación, la resolución
de problemas interpersonales, el cuestionamiento de creencias
erróneas, el entrenamiento en habilidades sociales, etc. El empleo de
fármacos no es parte del tratamiento psicológico, aunque pueden
combinarse ambos tipos de terapia cuando se considera oportuno.
En resumen, los
tratamientos psicológicos son aplicados por psicólogos clínicos, que
son los especialistas en los problemas del comportamiento humano y que
utilizan técnicas especializadas de evaluación (una entrevista, una
historia clínica, tests y cuestionarios, etcétera), y de tratamiento,
cuya eficacia ha sido contrastada en diversas investigaciones
científicas.
El tratamiento psicológico
puede llevarse a cabo con personas (una sola persona), parejas,
familias y grupos. Es posible combinar, según los casos y necesidades,
el formato de tratamiento; así, puede realizarse un tratamiento en
grupo junto con sesiones de asistencia individual. La intervención
puede durar desde una o unas pocas sesiones (p.ej., en situaciones de
crisis o asesoramiento) hasta varios años (en el caso del
psicoanálisis). Lo más frecuente es que se extienda de 5 a 50 sesiones
de alrededor de 1 hora y de frecuencia semanal. El número de sesiones
depende del tipo o número de problemas y de la gravedad de éstos.
La forma habitual de
tratamiento psicológico supone un contacto personal con el psicólogo.
No obstante, también pueden utilizarse medios complementarios para
cubrir algunos aspectos del tratamiento: teléfono, correo o internet (e-mail,
videoconferencia, chat). El uso de estos medios, con las
garantías clínicas y éticas precisas, es útil cuando el paciente: a)
tiene dificultades físicas o geográficas para acudir a la consulta del
profesional o su problema se lo impide (p.ej., agorafobia o fobia
social severas), b) quiere seguir la terapia con el mismo terapeuta,
pero debe ausentarse por traslado u otras causas, c) desea un
anonimato mayor o total, d) es capaz de comunicarse eficazmente a
través de los medios técnicos citados, e) posee los recursos para
manejar sus problemas con el apoyo no presencial, f) presenta un
trastorno no muy grave, g) desea simplemente hacer una consulta o
solicitar la opinión profesional del psicólogo.
¿Psicólogo o
psiquiatra?
¿Qué diferencia hay entre
un psicólogo clínico y un psiquiatra? El psiquiatra se diferencia del
psicólogo clínico en diversos aspectos. El primero, es que el
psiquiatra es un licenciado en medicina y el psicólogo clínico es un
licenciado en psicología. Por ello, el psiquiatra considera los
problemas del paciente como resultado de que algo no funciona bien en
el organismo (en el cuerpo); por el contrario el psicólogo clínico se
centra en aspectos psicológicos (cómo influyen en el problema las
relaciones y situaciones sociales, familiares, las emociones propias y
de los demás, la opinión y visión personal que se tiene sobre los
problemas, etc.). Esto no quiere decir que el psicólogo excluya en su
tratamiento los aspectos orgánicos, o que el psiquiatra haga lo propio
con los factores psicológicos. Sin embargo, sí debe quedar claro que
ambos se diferencian en la mayor importancia que dan a lo psicológico
(psicólogo clínico) o a lo orgánico (psiquiatra). En consonancia con
esto la segunda diferencia está en qué hacen ambos profesionales. El
psiquiatra se ocupa, habitualmente, de diagnosticar y recetar un
fármaco; y el psicólogo clínico, junto con el diagnóstico, busca
analizar las dificultades específicas del paciente en su día a día y
hace un plan ajustado a éstas para superarlas.
¿Cuándo es conveniente
o necesario un tratamiento psicológico?
Un tratamiento psicológico
debe aplicarse cuando se tiene un problema que desborda a la persona,
es decir, que le dificulta o impide vivir de la forma deseada o que le
produce gran malestar y sufrimiento.
Es preciso diferenciar
entre un problema digamos natural o normal y una alteración
clínicamente significativa. Son muchos los problemas con los que nos
enfrentamos en el día a día, (la muerte de un ser querido, una mala
relación de pareja, dificultades en el trabajo, contratiempos en la
educación de los hijos, etcétera), pero, frecuentemente, nos valemos
de nosotros mismos y de las ayudas que tenemos (la familia, los
amigos, los compañeros de trabajo, etcétera) para superarlos. Sin
embargo, cuando las dificultades son excesivas -duran más de lo
normal, son muy fuertes e incapacitantes en el quehacer diario y
provocan un malestar emocional considerable- es cuando resulta
necesario acudir a un tratamiento psicológico.
Otras veces la propia
persona no se da cuenta de que necesita tratamiento psicológico. Son
quienes conviven con él quienes se percatan de sus dificultades. Puede
ser el caso de los niños, los ancianos con demencia, o de quienes no
tienen conciencia del problema (las psicosis) o lo niegan
explícitamente (la anorexia, el alcoholismo, el juego patológico,
etcétera).
Tipos de tratamientos
psicológicos
Los principales
tratamientos psicológicos existentes en la actualidad son: la terapia
cognitivo-conductual (basada en el modo de aprender nuevas formas de
pensar, actuar y sentir), las psicoterapias psicoanalíticas y
dinámicas (centradas en el estudio introspectivo del ser humano), las
terapias de corte existencial-humanista (basadas en gran parte en la
relación terapeuta-paciente) y las terapias sistémicas (que consideran
los problemas de una persona como la expresión de que algo funciona
mal en su sistema familiar o de pareja, lo que implica hacer cambios
en dicho sistema).
¿Quiénes son los
profesionales capacitados para realizar un tratamiento psicológico?
Legalmente pueden realizar
un tratamiento psicológico los psicólogos y los psiquiatras. Un
psiquiatra es un médico que ha completado un periodo de entrenamiento
en psiquiatría en centros asistenciales después de haber realizado la
carrera de medicina. Los psiquiatras han sido entrenados en
diagnóstico psiquiátrico y en la administración de psicofármacos, pero
su preparación en la aplicación de principios y técnicas psicológicos
es mucho menor que la de los psicólogos.
Un psicólogo ha realizado
la carrera de psicología, por lo que tiene un mayor conocimiento de
principios y técnicas psicológicas, aunque no está capacitado para
administrar psicofármacos. Muchos psicólogos de los que se dedican al
tratamiento psicológico han realizado algún Máster o período de
formación adicional una vez terminada la carrera, lo cual les
proporciona un mejor nivel de preparación. Además, algunos psicólogos
se han especializado en psicología clínica durante un periodo de
entrenamiento en evaluación y tratamientos psicológicos en centros
asistenciales. Estos psicólogos poseen el título de especialista en
psicología clínica, título de especialista de igual grado y rango
profesional y legal que el de psiquiatría, y tienen por lo tanto una
mejor preparación y experiencia para aplicar tratamientos
psicológicos.
El psiquiatra se ocupa,
habitualmente, de diagnosticar y recetar un fármaco; y el psicólogo
clínico, junto con el diagnóstico, busca analizar las dificultades
específicas del paciente en su día a día y hace un plan ajustado a
éstas para superarlas. Por último, el psiquiatra, habitualmente, se
ocupa más de los trastornos mentales graves (psicosis, intentos de
suicidio, depresiones graves, etcétera), sobre todo en las fases
agudas, y el psicólogo clínico de los trastornos mentales en general y
de los problemas de adaptación y de las dificultades de relación.
Finalmente una advertencia
importante con respecto a la figura de psicoterapeuta. Tal figura no
existe como profesional de la salud. No responde a ninguna
licenciatura universitaria, por lo que no ofrece garantías para el
paciente ni cobertura legal para su actividad. En consecuencia, es
necesario alertar sobre el intrusismo profesional de personas que no
están lo suficientemente preparadas para llevar a cabo este tipo de
intervenciones y que se llaman a sí mismas terapeutas, sin tener una
preparación adecuada para ello.
¿Dónde debe buscarse un
tratamiento psicológico?
Los tratamientos
psicológicos se ofertan en dos ámbitos principales: los centros
públicos y los centros privados.
Por lo que se refiere a
los centros públicos, destacan los Centros de Salud Mental, en los que
se ofrecen tratamientos psiquiátricos y psicológicos gratuitos. Todas
las comunidades de nuestro país cuentan con un número determinado de
centros públicos, variable de unas comunidades a otras, en los que
trabajan psicólogos clínicos, psiquiatras, enfermeras y trabajadores
sociales. De todos ellos, son los psicólogos clínicos los
profesionales que están preparados específicamente para realizar una
evaluación psicológica y aplicar los tratamientos psicológicos.
Además, existen muchos otros centros (asociaciones, principalmente)
que atienden problemáticas específicas (drogadicción, ludopatía, etc.)
en los que existe también un psicólogo clínico que está especializado
en aplicar los tratamientos psicológicos adecuados para una alteración
específica.
Hay otros centros públicos
que ofrecen asistencia psicológica y que varían en gran medida. Así
hay servicios hospitalarios de Psiquiatría y servicios de otras
especialidades médicas (Medicina Interna, Reumatología,
Rehabilitación, Hematología, Unidades de Dolor y de Cuidados
Palitativos, etc.) que cuentan con psicólogos, aunque en una
proporción mucho menor que los existentes en los Centros de Salud
Mental. También puede encontrarse asistencia psicológica en centros
públicos dependientes de Ayuntamientos (Centros de Salud Municipal o
de Promoción de la Salud), de las Comunidades Autónomas y en
asociaciones sustentadas, en gran medida, por fondos públicos
relacionados con la asistencia social y sanitaria (Asociación Española
contra el Cáncer, por ejemplo, y diversas ONGs).
Sin embargo, donde se
encuentra el mayor número de profesionales que ofrece asistencia
psicológica es en el ámbito privado. En cualquier ciudad de nuestro
país podemos encontrar multitud de consultas privadas de psicología
clínica en las que un profesional ofrece tratamientos psicológicos
para diversos cuadros clínicos y diferentes edades (adultos o niños).
Es aquí donde quien busca atención psicológica puede verse más
desorientado. Para ayudar en la búsqueda puede recurrirse a personas o
instituciones que orienten al respecto. El Colegio Oficial de
Psicólogos dispone de información sobre colegiados que ejercen su
actividad en determinadas zonas y especialidades (http://www.cop.es).
También algunas instituciones independientes facilitan información
pública sobre psicólogos que han seguido programas de especialización
(por ejemplo,
http://www.uned.es/master-terapia-de-conducta).
¿Todos los tratamientos
psicológicos son eficaces?
Cuando uno toma un
medicamento confía en que su eficacia haya sido sometida
científicamente a prueba. Al igual que cualquier fármaco, un
tratamiento psicológico debe pasar unas pruebas y controles
científicos para saber si es más eficaz que no hacer nada o que
utilizar otro tratamiento que en principio es menos o nada eficaz. De
igual modo que no deberíamos tomar un fármaco de eficacia no
demostrada, tampoco deberíamos seguir un tratamiento psicológico que
no se sabe si funciona, al menos cuando existen tratamientos
alternativos de eficacia demostrada. Algunos profesionales se basan en
su experiencia para afirmar que sus tratamientos funcionan -al igual
que hacen los que imponen sus manos, leen las cartas del Tarot o
ejecutan extraños rituales-, pero la experiencia no sometida a prueba
se ha mostrado engañosa en múltiples ocasiones y existen métodos más
fiables para saber si un tratamiento funciona o no.
No todos los tipos de
tratamientos psicológicos han sido sometidos convenientemente a
prueba. El más investigado, hasta el momento, ha sido el
cognitivo-conductual. De este enfoque se han derivado tratamientos
eficaces para una diversidad de problemas: trastornos de ansiedad,
depresión mayor, disfunciones sexuales, problemas de pareja,
trastornos de alimentación, drogodependencias, trastornos de conducta
en la infancia, control de esfínteres y, en combinación con
intervenciones médicas, esquizofrenia, dolor y trastorno de déficit de
atención con hiperactividad.
Las terapias
psicoanalíticas, psicodinámicas, existenciales/ humanistas y
sistémicas no han sido investigadas suficientemente hasta el momento,
por lo que no se puede afirmar si son eficaces o no.
Los escasos datos
disponibles indican la eficacia o posible eficacia de la terapia
interpersonal (una intervención ecléctica de tipo psicodinámico y
cognitivo-conductual que busca resolver los problemas interpersonales)
para la depresión, bulimia y sobreingesta compulsiva, y de la terapia
psicodinámica breve para la depresión y la dependencia de opiáceos.
En suma, conocer qué
tratamientos psicológicos concretos son más efectivos para el problema
que nos afecta es fundamental. De ello depende, en gran medida, el
éxito de la intervención que se va a recibir. En los últimos años se
han llevado a cabo numerosas investigaciones dirigidas a evaluar la
eficacia de cada tratamiento específico para los principales problemas
psicopatológicos. En general, los tratamientos psicológicos más
efectivos tienen objetivos claros, están centrados en la solución de
problemas inmediatos, son más bien de corta duración (de 2 a 6 meses,
aunque es mayor en problemas graves o cuando hay varios problemas) y
producen una mejoría tras las 8-10 primeras sesiones. Si un
tratamiento no tiene unos objetivos claros, se dilata en el tiempo y
no se obtienen resultados apreciables (cuando menos parciales) en un
período de tiempo razonable, se puede desconfiar de su eficacia.
EVALUACIÓN DE LA EFICACIA
DE LOS TRATAMIENTOS
En general las personas
que han utilizado tratamientos psicológicos opinan que estos son
útiles y beneficiosos, y están contentos con los beneficios obtenidos.
Por ejemplo, en el estudio a gran escala realizado en EE.UU. por el
Consumer Reports sobre la eficacia de la terapia
psicológica en la práctica clínica real, el 54% consideraba que la
terapia psicológica les había ayudado mucho y el 36%, que les había
ayudado algo. Algo similar sucede en España, en la encuesta de
Berenguer y Quintanilla en 1994, las personas encuestadas consideran
que la intervención del psicólogo les ha sido útil y eficaz: están
satisfechos con el trabajo del psicólogo (4'72, sobre 6); aconsejarían
a otras personas sus servicios (4'93, sobre 6) , consideran que el
tratamiento fue eficaz (4'78, sobre 6) y, lo que es más importante,
solucionó el motivo de su consulta (4'59, sobre 6). Pero aunque estas
opiniones son muy importantes, no es suficiente, es necesaria una
evaluación científica de cada tratamiento para establecer su eficacia
o su valor real.
¿Cómo saber si un
tratamiento psicológico es eficaz?
El concepto de eficacia
terapéutica es complejo. Se tienen en cuenta diversos aspectos: qué
síntomas mejoran y en qué medida, cuánto tarda en aparecer la mejora,
grado en que esta se mantiene, cambios conseguidos en el
funcionamiento social y laboral y calidad de vida, qué porcentaje de
personas no aceptan el tratamiento y/o lo abandonan una vez iniciado,
etc.
Determinar que un
tratamiento es eficaz es una labor de la comunidad científica
(investigación y universidad) y de la comunidad profesional de un
campo de trabajo (el "Colegio Oficial de Psicólogos", y sociedades
profesionales de psicología clínica). La comunidad científica no se
restringe a un país, no conoce fronteras. Muchos de los tratamientos
psicológicos, así como la evaluación de su eficacia, han sido
desarrollados por científicos y profesionales de otros países, pero,
sea cual sea su origen, el punto clave es que se haya demostrado
científicamente su eficacia y así lo reconozcan las sociedades
científicas y profesionales de psicología.
Desgraciadamente con
frecuencia se considera que es aval suficiente para un tratamiento
psicológico el que un determinado profesional "opine" que ese
tratamiento es eficaz. Pero esto no es así. Es la comunidad
científica, fundamentalmente identificada con los grupos de
investigación clínica y los ámbitos universitarios, la que debe
aceptar que la investigación realizada reúne las condiciones
necesarias para poder demostrar inequívocamente que ese tratamiento es
eficaz. Las opiniones personales no pueden considerarse como criterio
científico. Menos aún la casuística personal (p.ej.: "yo conozco a uno
que le ha ido bien con este tratamiento"). La evaluación de la
eficacia de los tratamientos requiere una actualización continua, dado
que la comunidad científica debe ir incorporando los avances que se
producen en las ciencias que lo sustentan, así como los resultados de
los estudios de eficacia que van realizándose.
Las sociedades científicas
y profesionales han de avalar estos resultados señalando
inequívocamente a la sociedad qué tipo de tratamiento ha demostrado
que es eficaz y cuáles aún no lo han demostrado. Es verdad que un
profesional puede aplicar un tratamiento que no ha demostrado su
eficacia y un paciente puede solicitar un tratamiento que no ha
demostrado ser eficaz, pero uno y otro han de tener claro que se trata
de un tratamiento de eficacia no contrastada y los riesgos que
comporta esto.
Algunas asociaciones
profesionales de psicólogos han establecido unas "guías" o "listas" en
los que figuran los tratamientos eficaces para los distintos tipos de
trastornos psicológicos. Estas guías son útiles, tanto para los
psicólogos como para los usuarios, pues permiten identificar los
tratamientos considerados eficaces por la comunidad científica y
profesional de los psicólogos. En este documento se incluyen la guía
elaborada por la "Sociedad Española para el avance de la Psicología
Clínica y de la Salud. Siglo XXI".
Naturalmente, una cosa es
saber que un determinado tratamiento es eficaz para cierto trastorno y
otra reconocer que el profesional que lo aplica debe adaptarlo a las
características personales de cada paciente y al contexto social en
que este se desenvuelve.
Ventajas para los
profesionales y los usuarios de la evaluación de la eficacia de los
tratamientos
Las ventajas de
identificar y difundir qué tratamientos son eficaces son evidentes
especialmente para los usuarios de estos servicios, pero también para
los psicólogos en su ejercicio profesional y en su formación y para
otros sectores profesionales. La asistencia pública (Seguridad Social)
y las compañías de seguros o las mutuas, pueden contar con criterios
adecuados a la hora de financiar un tratamiento psicológico (tipo de
terapia, duración del tratamiento, etcétera). De esta manera se podrá
ayudar a establecer el concepto de "buena o mala práctica
profesional", más allá de valoraciones subjetivas, -además de por las
directrices del Código Deontológico del Psicólogo- cuando un terapeuta
aplique o no los tratamientos que están considerados eficaces para un
cuadro clínico concreto.
En resumidas cuentas,
establecer de forma científica la eficacia real de un tratamiento
psicológico, es beneficioso tanto para el que demanda ayuda
psicológica, como para el profesional que la aplica y para la persona,
institución o sociedad que la debe financiar. En especial se verá
beneficiado el usuario, pues tendrá la seguridad de que se le va a
aplicar el tratamiento más adecuado para solucionar su problema.
TRATAMIENTOS CONSIDERADOS
EFICACES
Los tratamientos son
evaluados no de forma genérica sino considerando su utilización en
cada problema concreto. No puede hablarse de tratamientos eficaces en
general. Lo que se persigue es establecer qué tratamiento o
tratamientos concretos aplicados por quién son más eficaces para un
particular con un problema determinado y bajo qué circunstancias. Los
criterios metodológicos y las investigaciones concretas que sustentan
la calificación de eficacia no se recogen aquí, sin embargo puede
encontrar referencias de ellas el lector al final de este trabajo.
La lectura de las tablas
indica que la inmensa mayoría de los tratamientos eficaces para los
diversos tipos de problemas son de tipo cognitivo-conductual.
¿Qué pasa con los
tratamientos no incluidos en estas guías?
Que un tratamiento no
figure en las guías no quiere decir necesariamente que no sea eficaz,
pero sí quiere decir que, por el momento, no ha demostrado que lo sea.
Hay varias razones por las que puede no haberlo demostrado, entre
ellas que no haya sido investigado hasta el momento, bien por su
novedad o por no haber interés en hacerlo, o que sólo disponga a su
favor de datos no experimentales (opiniones u observaciones
asistemáticas...). No obstante, es difícil justificar que un
tratamiento que tenga ya una cierta historia, 10 años, se siga
utilizando sin haber puesto a prueba su eficacia.
Es evidente que en el
campo de los tratamientos psicológicos, como en el de cualquier otro
tipo de tratamiento, la sociedad tiene derecho a saber qué es
realmente eficaz y qué no, y tiene derecho a presionar a los
profesionales para que demuestren que lo que hacen vale para el
objetivo establecido, en este caso aliviar el sufrimiento humano y
mejorar la calidad de vida. Éticamente, como profesionales, no es
admisible que se utilicen tratamientos sin preocuparse por constatar
si realmente valen para algo.
El futuro de los
tratamientos psicológicos y la evaluación de su eficacia
Las terapias psicológicas
van a tender a estar estandarizadas, es decir, van a tender a
presentarse con una descripción precisa de los instrumentos de
evaluación, el programa de tratamiento, el formato de aplicación
(individual o grupal), el diario de sesiones, etcétera.
Las guías de tratamiento
efectivas se inscriben en el marco de terapias breves (10/15 sesiones)
y específicas, lo que no es incompatible con la necesaria flexibilidad
en la aplicación de estos tratamientos en función de las
peculiaridades concretas de cada paciente. De hecho, y al margen de la
dificultad de aceptación de las terapias largas por parte de los
pacientes, el alargamiento de un tratamiento no aumenta necesariamente
la utilidad o la eficacia del mismo. Incluso hay una probabilidad muy
alta de que la intervención clínica sea ineficaz para un problema
específico si el paciente no responde de forma satisfactoria tras las
primeras sesiones.
Los resultados de los
tratamientos psicológicos suelen ser satisfactorios, pero no en todos
los trastornos son igual de eficaces. Es necesario desarrollar nuevas
formas terapéuticas que permitan aumentar la eficacia en cuadros
clínicos, como las psicosis, los trastornos bipolares, los problemas
somatomorfos y los trastornos de personalidad.
Aunque los tratamientos
psicológicos son eficaces cuando se aplican como única terapia, e
incluso en algunos casos más que cuando se combinan con otros
tratamientos, como los farmacológicos, en algunos casos puede ser más
eficaz la combinación de tratamientos psicológicos y farmacológicos.
Es un campo poco investigado y al que debe dedicarse más esfuerzo.
No se puede tampoco
desatender al peso específico de las características personales del
terapeuta en el resultado final de un tratamiento. Hay una gran
variabilidad en los logros obtenidos de unos terapeutas a otros, al
margen de las técnicas terapéuticas utilizadas.
Aunque no se conoce con
precisión el perfil personal idóneo del clínico, hay, sin embargo,
algunas características que facilitan la alianza terapéutica entre
terapeuta y paciente: equilibrio emocional, sentido común, ausencia de
rigidez y ganas genuinas de ayuda.
Finalmente, parece
conveniente que la actuación del psicólogo no se lleve a cabo de forma
aislada ni del medio del paciente ni de los recursos sociales y
técnicos que puedan ofrecer otros profesionales. Por ello, parece muy
conveniente el trabajo en equipo para atender al objetivo común de
solucionar los problemas de una persona y mejorar su calidad de vida.
Tabla
1. Tratamientos con apoyo empírico para diferentes trastornos en
adultos.
|
Trastornos de Ansiedad |
|
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Trastorno de pánico, con y sin agorafobia
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Exposición en vivo |
|
Fobia social
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Desensibilización sistemática |
|
Fobias específicas |
Exposición en vivo |
|
Fobia a la sangre |
Tensión aplicada |
|
Trastorno de ansiedad generalizada |
Terapia cognitivo conductual |
|
Trastorno de estrés postraumático
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Exposición en vivo |
|
Trastorno obsesivo compulsivo
|
Exposición con prevención de respuesta |
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Depresión |
|
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Depresión mayor
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Terapia dinámica breve |
|
Terapia interpersonal |
|
Trastorno bipolar |
Terapia cognitivo conductual |
|
Depresión en ancianos
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Terapia interpersonal |
|
Trastornos sexuales y de pareja |
|
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Problemas de pareja |
Terapia cognitivo conductual |
|
Disfunción eréctil |
Terapia cognitivo
conductual
|
|
Vaginismo |
Terapia de Master y Jonson |
|
Bajo deseo sexual femenino |
Terapia combinada de Hubert y de Zimmer |
|
Parafilias y abuso sexual |
Terapia cognitivo conductual |
|
Trastornos adictivos |
|
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Alcoholismo |
Terapia cognitivo conductual |
|
Dependencia de opiáceos
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Terapia dinámica
breve |
|
Dependencia de la cocaína |
Terapia cognitivo conductual |
|
Dependencia del tabaco
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Multicomponentes con prevención de recaídas |
|
Trastornos psicosomáticos |
|
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Anorexia |
Terapia cognitivo conductual |
|
Bulimia
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Terapia
interpersonal
|
|
Sobreingesta compulsiva
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Terapia interpersonal |
|
Obesidad |
Terapia cognitivo conductual |
|
Trastornos del comportamiento
alimentario |
|
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Dolor de cabeza |
Terapia cognitivo conductual |
|
Dolor de espalda |
Terapia cognitivo conductual |
|
Dolor crónico |
Terapia cognitivo
conductual
|
|
Síndrome de Raynaud |
Biofeedback de temperatura |
|
Síndrome del intestino irritable
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Trastorno dismórfico corporal |
Terapia cognitivo conductual |
|
Otros trastornos |
|
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Esquizofrenia
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Terapia cognitivo conductual |
|
Demencia
|
Terapia cognitivo
conductual
|
|
Biofeedback de temperatura |
|
Trastorno de personalidad evitativa |
Terapia cognitivo conductual |
|
Trastorno de personalidad límite |
Terapia cognitivo conductual |
|
Trastornos del sueño |
Terapia cognitivo conductual |
|
Hábitos no deseados (tic, onicofagia,
tricotilomanía, bruxismo) |
Inversión del hábito |
Tabla
2. Tratamientos con apoyo empírico para diferentes trastornos en
niños y adolescentes.
|
Trastorno |
Tratamiento |
|
Ansiedad por separación, ansiedad social y
generalizada |
Terapia cognitivo conductual |
|
Fobias
|
Modelado participante |
|
Práctica reforzada |
|
Depresión |
Terapia cognitivo conductual |
|
Obesidad |
Terapia cognitivo conductual |
|
Trastorno por déficit de atención e
hiperactividad
|
Entrenamiento de padres |
|
Modificación de conducta en clase |
|
Enuresis y encopresis |
Terapia conductual |
|
Problemas de conducta |
Manejo de contingencias |
|